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Cada vez que pensaba en Maika Makovski la recordaba rompiendo el escenario del Fórum de Barcelona, enfundada en un traje de cuero negro e intercambiando instrumentos como quien cambia de cubierto para devorar un plato tras otro de ¿rock, indie? Guatever.
De aquello hace ya muchos años, tantos que para mí la imagen de aquella talentosa mujer de sangre mallorquina, andaluza y macedonia se convirtió en una especie de visión prodigiosa que hay que contar a todo el mundo detalladamente para que se la crean. Como si a pesar de los cientos de personas que me rodeaban, tan solo yo hubiera tenido la revelación. Lo cierto es que no he encontrado un solo vídeo donde eso suceda, pero podéis haceros una idea de lo que es capaz viendo este, donde el piano es un aperitivo:

 

El pasado día 28 de diciembre de 2016 volví a verla en directo (festival Santas Pascuas) y sucumbí. Esta vez no recorría el escenario pero la sala pequeña del Baluarte de Pamplona nunca antes había acogido un torrente así. Acompañada de Aleix Puig (violín) y Quico Pugès (violoncello) -dos de los miembros de Quartet Brossa– Paul Valls (trompa) y Pep Mula (batería), la atmósfera se llenó de alegría, paz, energía, entusiasmo, entrega y un sinfín de adjetivos más. El repertorio comprendió tanto canciones de su último disco Chinook Wind como temas icónicos de su carrera como Lava Love o Language, que con la actual agrupación lograron una energía épica. Los pies querían lanzarse a danzar, la cabeza tomó sus propias decisiones y mi corazón estaba inflamado de dicha. Los músicos tenían una actitud poderosa, ¡qué forma de gozar!, ¡qué sonrisas!, ¡que pasión!

En mi opinión, el gran momento de la noche fue cuando sonó Makedonija. Cuando los bajos sonaban ‘pum pumpum pum pumpumpum pumpum’ aquello se deslizaba por el piso, subía por las butacas, se colaba por el dedo meñique de tus pies, se encaramaba a tus uñas y te recorría el cuerpo atravesando la médula espinal hasta lo más profundo de tu cerebro, en el mismísimo centro del placer. Fue algo sensitivo. Físico.


Atención a los dos últimos minutos, ¡son un regalo que no aparece en el disco!

Ese día fui feliz.
Hoy, al ver esta colaboración con Xoel López (otro de mis vicios confesables) he suspirado como enamorada.

Si alguna vez lees esto, Maika, fuimos mi amiga Idoia y yo quienes te escribimos la postal. ¡Un saludo!

 

¡Mójate!

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