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Después de este texto, pasaré a ocupar un lugar en esa categorización que Félix Romeo hacía de las personas: las que escriben listas y las que no. Con el verano atizando sus últimos reclamos, el sofocante calor de agosto, el venidero septiembre con sus -presumibles- playas más desocupadas, el garrote vil de las vacaciones a la vuelta de la esquina y el crepúsculo llegando cada día un poco antes yo he decidido organizar una enumeración de libros. Aunque ni las bicicletas ni los libros son para el verano exclusivamente, sí es cierto que son muchos los aficionados que (unos por clima, otros por horas exentas de obligaciones) deciden empaparse de estas actividades en época estival.

La literatura se convierte así en el medio de transporte para hacer un viaje dentro del propio viaje, o para dedicar pensamientos a entender un poco mejor el mundo, o para animar a los más jóvenes a seguir aprendiendo sin necesidad de atender el colegio. La literatura es también algo muy importante, un abono sin caducidad para el entretenimiento.

Aqui, expongo algunos de los libros que configuran mi personalidad y que han provocado diversas reacciones una vez llegué a su punto y final. Con sorpresa, veo que la guerra tiene una gran representación en esta enumeración, y que aparece reflejada de muy distintas maneras: unas veces se narra desde lo temerario, otras desde la deshumanización, otras desde la dulzura y por supuesto también desde la incomprensión. Quizás el impulso de querer entender el hilo conductor de la vida: el conflicto. Sin embargo, también el humor existe en mi concepción del mundo y considero a Eduardo Mendoza un excelente mensajero. Se encuentran también el mundo de los sueños y el de las fronteras, elementos cotidianos que envuelven nuestra historia reciente. Y también el amor.

Casi todos son libros de ficción (porque en cómputo es lo que más he leído) y son algunos de los que a mi personalmente me han impactado. Así que no los toméis por nada más que recomendaciones personales. Porque los libros dependen de una circunstancia, de una persona y de un tiempo.

Libros-en-vacaciones

  • Nada y así sea. Oriana Falacci.

    El diario personal que la periodista redactó durante la Guerra del Vietnam. Una cruel y metódica crónica en que las contradicciones de la autora son lo más enriquecedor del texto. ¿Se puede entender la guerra?

  • El Imperio. Ryszard Kapuscinski.

    El cronista polaco viajó por la vasta Unión Soviética durante años, recorrió caminos, bosques y ciudades, habló con cientos de ciudadanos y fue testigo de algunos de los hechos históricos más importantes de nuestra historia reciente. Sus descripciones y los testimonios que recoge, fueron los que plantaron la semilla para lo que hoy es un profundo interés hacia los territorios que ahora comprenden parte de Europa y Asia.

  • Tirano Banderas. Ramón del Valle-Inclán.

    Uno de los libros que más me han conmocionado y atrapado en su lectura. La caída del dictador Santos Banderas, en algún lugar de Sudamérica es una anatomía del terror y la opresión, del poder y la corrupción. Un libro complejo en su estructura y que la técnica del esperpento lo termina de ensalzar.

  • Réquiem por un campesino español. Ramón J. Sender.

    Necesita una tarde para leerse. Cuando terminé de leerlo, necesité recomponerme lo justo para increpar a mi padre habérmelo dado, me enfadé con él. La genialidad de la sencillez. Estremecedor. De estas ocasiones en que realmente dices “vale, estoy conmocionada”.

  • El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez.

    Tan escueto físicamente y así de potente como Réquiem […]. Esta vez, sobrecogedor. El propio García Márquez dijo de esta obra que fue necesario crear Cien años de soledad para que la gente leyera El coronel […].

  • Suite Francesa. Irène Némirovsky.

    La Segunda Guerra Mundial en un salón de baile. La escritora judio-francesa de origen ucraniano escribió en un mismo cuaderno lo que es hoy el libro. El manuscrito permaneció durante 50 años oculto en manos de sus hijas y salió a la luz en 2004. Narra la vida de Francia durante la ocupación alemana durante la Guerra. La misma recomendación que a mi me dieron: convertir la introducción en un epílogo.

  • Viento del este, viento del oeste. Pearl S Buck.

    Ganadora de un Premio Pulitzer y un Premio Nobel, su autora nació en Estados Unidos pero creció en China, donde vivió durante 40 años. Este libro establece los encuentros y desencuentros del mundo oriental y el occidental a través de una relación amorosa. Sin embargo, La Madre, es para mi mucho más emocionante e interesante para acercarse a la cultura asiática.

  • Poeta en Nueva York. Federico García Lorca.

    Escojo esta obra de poesía porque cuando lo leí no entendí nada. Ni una sola palabra. Tuve que estudiarlo y acudir a insospechadas lecturas y tutorias para aprender a quererlo. Gracias, asignatura optativa. En cualquier caso, toda la obra de Lorca me fascina y no puedo hacer otra cosa que recomendar una y otra vez algunas de sus obras teatrales más conocidas como Yerma, Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba. Son prodigios.

  • El Gran Gatsby. F. Scott Fitzgerald.

    Este libro lo que provocó fue atontamiento, podía repasar una frase o un párrafo durante tres, cuatro o nueve ocasiones porque no podía creer que pudiera estar tan perfectamente escrito. Pensaba en la maestría del lenguaje. Aunque reconozco que el argumento no me atrapó del todo, a diferencia de Suave es la noche, la novela del autor que considero redonda.

  • Mi familia y otros animales. Gerald Durrell.

    Cualquiera querría ser niño de nuevo y aunque no le gustase la naturaleza llegaría a amarla tan sólo leyendo este libro. El autor narra cómo fue su vida en la isla griega de Corfú, a donde su familia se trasladó harta de la lluvia inglesa. Allí, sin escuela y a base de eventuales tutores el niño que guardaba bichos en bañeras comenzó a forjarse como uno de los más notables naturalistas. La lectura te traslada al mediterráneo y los personajes y las situaciones llegan a ser hilarantes.

  • El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas. Eduardo Mendoza.

    Primera y segunda parte respectivamente. Son las venturas y desventuras de un interno en un manicomio que debe desempeñarse como detective para resolver los misterios de cada una de las novelas. Son tragicomedias donde las carcajadas llegan una tras otra. Un libro en que la enfermedad, Barcelona y el humor son las piezas clave. Recuerdo que al leer este libro no hacía sino asombrarme por cómo Mendoza dominaba la lengua, me fascinaba cómo una frase que yo creía haber completado antes de terminar de leerla siquiera, súbitamente era diferente por tan sólo una palabra. Podría ser un pasatiempos, es una genialidad.

  • La sonrisa etrusca. Jose Luis Sampedro.

    El AMOR. Es posible que, como a mi, las lágrimas se os asomen sin permiso y dando pedales al leer la historia de Salvatore Roncone, un anciano calabrés que se traslada a la ciudad de Milán y la relación con su nieto. Yo diría que es una joya de la literatura española, además la leí en verano. De Jose Luis Sampedro, destacaría también el conjunto de conferencias y reflexiones recogidas en Escribir es vivir, que es una autobiografía sensacional. Actúa como una red de pesca, atrapando y envolviendo a todos y cada uno de sus lectores.

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