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Para ser incapaz de llamarles por su nombre de pila, creo saber muchas cosas sobre mis vecinos de arriba. Que son madrugadores, que uno de ellos practica ciclismo, que -al menos- dos personas habitan de manera permanente la casa y la presencia de otra es intermitente, que rondan los 50 años y algunas de sus inclinaciones políticas. Esto, podría decirse que lo se de buena tinta porque son muchas las mañanas en que desde las ocho escucho sus conversaciones (el tono de su voz es más fuerte que el cartón de las paredes), lo demás son chismorreos. Digamos que sufro de “voyeurismo narrativo” y de la misma forma que adoro después de una película atender a las opiniones del resto de espectadores mientras recogen sus abrigos, recorren el pasillo de salida y aguardan antes de separarse; también disfruto escuchando acurrucada en mi cama las conversaciones de mis vecinos. La de esta mañana ha sido una de las más interesantes a las que he asistido y entre otras cosas han hablado de comprar una nueva bicicleta de al menos dos mil euros, han justificado la comercialización de preferentes y han establecido las principales diferencias entre la gente del campo mientras en todo momento los actores de su relato eran “los ricos” y “los pobres” y la clase media aparecía como extra en el reparto.

Esta mañana he escuchado hablar de “la gente del campo” como de personas de otro planeta y de la crisis, la banca, las preferentes, el sistema financiero y los políticos como si se trataran de unos colegas. Sin embargo por la tarde, he visto y escuchado la versión de mucha gente diferente con historias muy parecidas al mismo tiempo donde todos eran, más o menos, primos-hermanos.

Se acaba de estrenar el documental Stop, rodando el Cambio (que se puede ver de forma completamente gratuita) y desde esta entrada os invito a dedicarle vuestro tiempo.
Un equipo de seis chicas (licenciadas algunas y a punto de serlo otras) de la Facultad de Ciencias de la Informacion de la Universidad Complutense de Madrid han trabajado durante meses para arrojar luz sobre las alternativas que existen en España y Francia al sistema económico, social y político en que la mayoría de nosotros vivimos. De este documental destacan su optimismo y su actualidad. Todos los ejemplos que nos enseñan son reales y cuentan con el apoyo del tiempo que ya llevan existiendo. Mientras investigadores (Yayo Herrero, Esther Vivas), profesores (Carlos Taibo), periodistas (Herve Kempf), activistas (Lourdes Lucía) y otras muchas personas exponen diferentes teorías -como el decrecimiento- y desgranan el funcionamiento de algunas situaciones actuales -como la crisis alimentaria- una numerosa selección de testimonios cuentan cómo han llevado a la acción proyectos basados en esas teorías.
Este documental apenas tiene narración (y la que hay es obra de la inconfundible Katy Lema) y es un mosaico de voces que piden al espectador que deje de usar los estereotipos para ser incrédulo o inactivo. Ofrece su experiencia como prueba de que la sostenibilidad es posible y la libertad va más allá de escoger hipoteca o alquiler. Si bien la primera parte del metraje está dedicada a las ecoaldeas y a la ruralización de la sociedad, durante el resto del documental vamos a visitar también capitales como Madrid, Barcelona o París y sorprendernos con la interconexión de ambas. Muchos os sorprenderéis de lo cerca que esas actividades se llevan a cabo, yo misma he visto con sorpresa cómo la primera ecoaldea que aparece en el vídeo es la misma a donde nos invitó un señor durante nuestra estancia en Foncebadón durante el Camino de Santiago. O que decenas de personas de vuestro círculo más cercano dedican su tiempo a actividades que pretenden sembrar un cambio a largo plazo. Se grita que los estereotipos son murallas contra un cambio cada vez más necesario.

Stop, rodando el Cambio genera muchas preguntas al espectador, dos de las principales son: ¿cómo quiero emplear mi tiempo? y ¿a qué queremos dedicar el espacio público? Estas y muchas otras reflexiones afloran mientras se escucha una excelente banda sonora. El documental en sí mismo es una muestra de la capacidad y la existencia de nuevas formas de creación que pueden realizarse con empeño, deseo y colaboración.

¡Mójate!

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