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Estaba sorprendida, pues no creía que alguien de su familia pudiera hacer algo. Lo único que sabía era que eran muy pobres y era imposible verlos como algo más que pobres

Es una frase de la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, que durante casi diecisiete minutos de conferencia, desgrana cuáles son los peligros de conocer una realidad a través de una sola narración y cómo ello nos lleva a todos a padecer una profunda incomprensión sobre hechos, personas y lugares.

Durante tres semanas se han celebrado en Tudela diversas actividades dentro de un ciclo dedicado a las perspectivas de la mujer africana. El broche final fue el encuentro “Africanas cuentan: otras mujeres, otras visiones” que tuvo por protagonistas a Lola López, antropóloga del Centre d’Estudis Africans de Barcelona y Fátima Djarra, una de las mujeres del colectivo navarro Flor de África. Durante dos horas nos ayudaron a entender por qué somos un baúl de estereotipos africanos y cuál es el uso que les damos.

El periodista Walter Lipmann fue quien acuñó el término “estereotipo” en 1922 como el juicio negativo o positivo que se hace sobre alguien basado en su pertenencia a un grupo étnico y sus atributos. O desde otra perspectiva, es el método que tiene la sociedad para simplificar las cosas. Sucede que los estereotipos acarrean en gran medida la distorsión de la realidad, precisamente lo que pasa con el continente africano que en palabras de Lola López “se estereotipa porque es tan complejo que su simplificación pasa por la negación”. Negamos África cuando la consideramos un país en lugar de cincuenta y cuatro o cuando “hablar africano” niega la existencia a sus 2,000 lenguas vivas (que no dialectos, sino idiomas tan dispares entre sí como pueden serlo el euskera y el español). También recalcó la diferencia que se hace entre el África negra y África del norte, como si no fuesen el mismo continente.

Los relatos de esas dos mujeres actuaron como altavoces sincronizados para contar la historia de las africanas que no suelen llegar al común de la sociedad. Reivindicaron la integridad de las mujeres procedentes del continente vecino y trataron de desterrar uno por uno los más asentados sobre ellas: sometidas, sin libertad, madres a la fuerza, sin poder de decisión…
Fátima dio a conocer la importancia de ser madre en su país, donde los hijos suponen un elemento de poder y no pertenecen únicamente a la madre biológica sino al grupo. Si una mujer no puede tener hijos, puede recibirlos de otras (ella tiene 5, ninguno biológico); sin embargo cuando un hombre no tiene descendencia apenas tiene consideración en el grupo y supone un estigma.
También recalcó las diferencias entre el espacio público y el espacio doméstico que existen entre el África negra y Europa; mientras el espacio doméstico en muchos países africanos comprende una aldea entera y pertenece a las mujeres, el espacio público que queda destinado a los hombres es muy limitado. De ahí que los hombres salgan ganando cuando migran a nuestros países.

También se acusó a las organizaciones de cooperación al desarrollo de reproducir los estereotipos para aprovecharse de ellos. Usan la idea de “mujer víctima” para poder promocionarla como “mujer luchadora” y se aplaude su occidentalización como un triunfo. Patricia Messa, en un estudio realizado para el CEA habla de la “hegemonía del desarrollo” que ha asumido occidente y tilda a la cooperación de ser “el brazo legitimador de esa pretendida superioridad” con que los estereotipos actúan. En lugar de aceptar que hay evoluciones diferentes de culturas distintas se da por hecho que el desarrollo sufre una progresión a medida que alcanza más grados de occidentalización. Siendo también una forma de maquillar la culpa que tiene Europa de muchas de las situaciones injustas que sufre África.

Lola nos invitó a pensar cómo reaccionaríamos si a España llegasen mujeres senegalesas para ayudarnos. Tratarían de hacernos ver lo inconsecuente que es llevar a los hijos a una guardería en lugar de dejar a las madres ocuparse de ellos durante unos años; o lo poco respetuoso que supone dejar que los más ancianos vivan en residencias. Nos animarían a vivir en comunidad y aparcar cada vez más el individualismo. Nos explicarían un nuevo significado de pobreza, porque en las principales lenguas subsaharianas no hay palabra para designar al pobre económico, pero sí a la ausencia de apoyo social. Y podría pasar que todas esas cooperantes se marchasen de España con la amarga sensación de no haber logrado lo que quería, con un trabajo sin acabar, con la imagen de unos españoles que no quieren vivir mejor.

Si yo no hubiera crecido en Nigeria y si mi impresión de África procediera de las imágenes populares, también creería que África es un lugar de hermosos paisajes y animales, y gente incomprensible que libra guerras sin sentido y mueren de pobreza y SIDA, incapaces de hablar por sí mismos, esperando ser salvados por un extranjero blanco y gentil

Estas “imágenes populares” que Chimamanda menciona proceden en gran medida de los medios de comunicación, que se encargan de contar la historia de África. Lola roció de ejemplos audiovisuales su ponencia y aludió a las 132 horas de visionado que tuvo que realizar junto a su compañero Gustau Nerín para elaborar el estudio La imatge de l’Àfrica Negra a la televisió. Se trata de un cuidadoso trabajo de investigación que demuestra cómo “las televisiones contribuyen definitivamente a la transmisión de tópicos y prejuicios sobre África” a través de los diferentes géneros (documental, informativos, entretenimiento, cine, publicidad…).

africa copy

Usamos estereotipos a diario sin percibirlo. Fátima señaló las dificultades con que los inmigrantes procedentes de África se encuentran, sin apenas confianza depositada en ellos y aludió continuadamente al deseo de contar con “el beneficio de la duda” para demostrar que son tan capaces como cualquier otra persona de desarrollar magníficas ideas.
Cuando Lola relató las circunstancias de su primer viaje a África subrayó la fortuna de haber llegado sin haberse empapado de estereotipos, esto es sin haber leído guías o revistas, haber visualizado documentales o reportajes; recibió el impacto sin haber asentado a conciencia lo que se esperaba que quisiera ver. A la pregunta de si es posible reforzar los estereotipos aun a pesar de ver una realidad que se aleja de ellos, ella respondió que “los estereotipos pueden hacer que no quieras ni puedas apreciar la realidad”.

¡Mójate!

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