CUANDO HAY TSUNAMIS EN LOS ANDES, NADAR NO ES OPCIONAL

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Hace unos días, los medios de comunicación informaban sobre un récord histórico: el de dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera. Ayer, los telediarios incluían en su espacio las asombrosas imágenes de una lengua de hielo comiéndose 22 casas en Canadá. Ambas tienen una estrecha relación causal: el calentamiento global.

Es imposible hablar de calentamiento gobal y no hacerlo del cambio climático, sería como jugar a la oca sin tablero. El cambio climático es ese vecino que se esfuerza por hablar en las reuniones de comunidad pero a quien nadie escucha. Lo hemos invitado, escuchamos su voz, pero le ignoramos. Aunque en ocasiones se empleen como sinónimos, no son la misma cosa. El calentamiento global es uno de los fenómenos que se dan y que consiste en el incremento de la temperatura atmosférica y oceánica a causa de un “efecto invernadero” desbocado. Sin el efecto invernadero (la capacidad que tienen los gases de la atmósfera para dejar pasar la luz pero retener el calor) nosotros no podríamos vivir porque La Tierra sería un lugar demasiado frío. El problema ha llegado cuando nosotros, desde la Revolución Industrial, comenzamos a emitir muchos más gases, y en consecuencia incrementar el efecto invernadero. El dióxido de carbono lo generamos quemando combustibles fósiles en coches, fábricas y plantas de generación de energía eléctrica y es actualmente el fluído más nocivo.

En 1997, cuando el cambio climático había elevado la voz un poco por encima del resto de vecinos en la reunión, se adoptó el Protocolo de Kioto con el objetivo de reducir las emisiones a la atmósfera de los gases que provocan el efecto invernadero y entre otros instrumentos, inventaron el mercado de bonos de carbono. Es decir, el capitalismo adoptó al medio ambiente y éste entró a competir en el mercado. Supuestamente, existe un máximo de dióxido de carbono que las empresas y los países pueden emitir y se llaman “créditos de carbono”, pero si alguno de ellos lo rebasa, puede comprar emisiones de carbono a los países y empresas que no han gastado todos los que tienen. Por lo visto, este capitalismo verde también ha fracasado.

LA APARIENCIA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

Por lo pronto, ni Venecia se ha hundido, ni España tiene sabana y todavía sale agua del grifo, se podría decir que todo sigue igual y que lo del cambio climático es algo que pilla lejos. Que se lo pregunten a los ciudadanos a quienes el hielo se tragó ayer sus casas en Canadá, a los habitantes de Kiribati o a los de la aldea andina de Carhuaz.
Somos unas criaturas curiosas, tenemos la misma facilidad para creer a ciegas en la fe o en el amor a pesar de no verlos y de clasificar como increíble que podamos modificar un clima entero. Ya podría nuestra soberbia ser más realista.

KiribatiLa República de Kiribati la componen 33 atolones de coral que embellecen como si fueran pecas más de 3 millones de km² en el océano Pacífico. Mientras algunos científicos aseguran que todo sigue igual desde que en 1520 Magallanes llegara allí, su presidente recorre el mundo contando cómo 3 islotes ya han desaparecido, otros han tenido que ser desalojados por inundaciones y el agua dulce es cada vez más salada. Kiribati posee el Patrimonio Marino de la Humanidad más extenso del planeta y sin embargo su gobierno se plantea la posibilidad de comprar unas islas deshabitadas a Fiyi para realojar a los 103.000 kiribatianos a los que quizás se les hunda el país. Podéis leer una crónica entera, aquí.

carhuaz

El fotógrafo francés Nicolás Villaume viajó a los Andes peruanos en 2011 para fotografiar el calentamiento global:

“El domingo 11 de abril de 2010, un bloque de hielo en el nevado Hualcán se precipitó a una laguna, provocando un tsunami de veinticinco metros que cayó sobre comunidades cerca del rio Chucchún hasta alcanzar la ciudad de Carhuaz, en Ancash. Alertados por el estruendo, los habitantes huyeron a lugares más altos para salvar sus vidas. El saldo del desastre no fue humanitario, pero muchos de ellos perdieron todo: la ola destruyó casas enteras, arrasó cultivos y mató buena parte de la ganadería en las zonas rurales.”  Podéis ver su trabajo en su web personal y viajar con él a través de ésta crónica.

Sergio Rossi es biólogo marino y acaba de publicar Un viaje a la Antártida. Un científico en el continente olvidado. En él explica por qué la Antártida es importante: porque es un lugar donde los científicos pueden aprender cómo funciona un lugar que las personas no han dañado todavía y así “impedir que se cometan las barbaridades que ya estamos perpetrando en el restro del planeta”. Advierte que “la mayor parte del hielo continental (el que hace que suba el nivel del mar) está en la Antártida, por lo que hay que evitar que se acelere el deshielo”. En esta entrevista concedida a Eldiario.es el científico catalán recalca que el planeta se adapta  a los cambios climáticos, ha pasado antes, pero se pregunta si nosotros, los seres humanos podremos adaptarnos a un cambio que ya es una realidad.

Hace un año un volcán hizo erupción en la isla de El Hierro, en Canarias, y fue todo un espectáculo.


El calentamiento del agua, su acidificación y la pérdida de oxígeno son las tres circunstancias que se dan en el océano a causa del cambio climático. En los laboratorios científicos se ha intentado recrear el escenario, pero la erupción volcánica en el archipiélago canario convirtió el experimento en realidad dado que las tres condiciones se dieron al mismo tiempo y a unos niveles que serían los que habría dentro de dos mil o tres mil años si seguimos emitiendo CO2 a la atmófera tal y como lo estamos haciendo ahora. ¿El resultado? La mayoría de organismos murieron, pero también hubo otros que se adaptaron genéticamente a las nuevas circunstancias. En esta referencia, el investigador del Instituto Español de Oceanografía, Eugenio Fraile, lo explica y cuenta que hubo bacterias que ocuparon el lugar del plancton muerto y señala que “no hay que mirar sólo a los animales grandes; también los hay pequeños. Y si surgen nuevos animales pequeños, llegarán los grandes”. Vaya, que nosotros podemos estar jodidos pero está muy claro que no somos imprescindibles para que la vida siga.

Así que mientras sigamos haciendo oídos sordos, sin calcular el coste de nuestra vida globalizada y del todo industrializada. Mientras continuemos prefiriendo usar el vehículo privado para comprar maracuyá del Caribe y vistiéndonos con ropa fabricada en fábricas que se hunden en Bangladesh… Mientras sigamos así, llegará el momento de dar la razón a Sheldon Cooper y admitir que “en un futuro, cuando los polos se derritan, nadar no será opcional”. Waterworld dejará de ser ficción.

Para terminar, os invito a dar un paseo virtual por ciertos rincones del mundo y ver la evolución que han tenido a lo largo de 3o años. La revista Time en colaboración con Google y el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGC en sus siglas originales) ha creado Timelapse, una página web donde se muestran los cambios en la superficie terrestre desde 1984 hasta 2012 de lugares como Dubai, la selva amazónica, el glaciar Mendenhall en Alaska o vuestro lugar de residencia.

Imagen de Dubai en la actualidad.
Imagen de Dubai en la actualidad.

¡Mójate!

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