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En Grecia ya no es que los investigadores tengan que marcharse al extranjero para poder dedicarse a su oficio, sino que los que siguen allí no pueden ni consultar las revistas de referencia en ciencia porque el Ministerio de Educación no paga las suscripciones. Varvara Trachana, lamentaba en una columna publicada en la revista Nature el incesante retroceso de la ciencia en su país, que inevitablemente llevará al retroceso de la sociedad y a una, si cabe, todavía más lenta recuperación. Un país sin investigación, es un país sin proyecto de futuro.

Pero un país sin presente, es un país inexistente, muerto y a día de hoy a excepción de las pseudociencias y la religión no hay forma de justificar ni la resurrección ni la reencarnación. Grecia ya no se muestra en las noticias de los principales medios de comunicación tal y como sucedía hace unos meses. España siempre aparecía junto a la República Helénica y Portugal, de la manita los tres como los escolares que siguen al profesor obedientes y agarrando fuerte la cuerda que los maniata. Lo que le sucedía a uno, tarde o temprano le ocurría al compañero. Sin embargo, nuestro oráculo ha enmudecido repentinamente. O no…

Una mujer pidiendo limosna en la calle/ Getty. Zoomnews.

Una mujer pidiendo limosna en la calle/ Getty. Zoomnews.

Aún a pesar de que los principales medios de comunicación españoles no den voz a Grecia, otros sí lo hacen desde dentro y desde fuera para quien quiera saber qué está pasando allí. También Pedro González se hacía eco de la miseria que padece el país: los casos de Sida han incrementado un 57% en tan solo un año, los suicidios casi un 23%  y el hambre se vuelve epidémico. Es un país que no padece una crisis sino una guerra que nadie sabe cómo empezó. Quizás así comprendamos mejor por qué nuestra industria mediática no concede espacio a la realidad griega y por qué la ciencia en Grecia es sencillamente una promesa futura, muy futura. Si no se puede alimentar a los niños, cómo se van a pagar suscripciones a revistas científicas.

La ciencia, para existir necesita financiación y mecenas que se la proporcionen, lo decía el poeta latino Marcial: “sint Maecenates, non deerunt Marones; que haya Mecenas, que no faltarán los Virgilios”. Normalmente, la ciencia recibe fondos privados y publicos, más de los primeros y por ello durante los últimos años las siglas I+D+I bombean noticias que acusan constantemente la falta de presupuesto para la Secretaría que gestiona los fondos que el Gobierno podría destinar a proyectos de investigación.

En 1979 se puso en marcha el primer programa de investigación y desarrollo destinado al aprovechamiento de la energía eólica para obtener electricidad y un año después se promulgó la Ley sobre Conservación de la Energía. El Cerro del Cabrito, en Tarifa albergó la planta experimental de aerogeneradores en 1985, un ornamento que comenzaba a vestir a nuestro país con traje nuevo. Sé que estoy manejando fechas antiguas, pero sin el apoyo de las instituciones públicas España no sería 34 años después el cuarto país productor de energía eólica del mundo, ni el líder en materia eólica mundial que tiene previsto llevar a término el mayor aerogenerador marino. La energía eólica es un logro de la ciencia que ya se ha convertido en la primera fuente de electricidad en nuestro país, capaz de abastecer al 26% de la población.
Si permanecemos en el presente, veremos cómo la ciencia sigue cosechando importantes descubrimientos. Hace apenas unos meses un consorcio español de investigadores encontró un gen que aparecía modificado con frecuencia en los casos de la Leucemia Linfática Crónica, una de las más comunes y que cada año registra sólo en España mil casos nuevos. Este gen, actuaría como potenciador del tumor y su descubrimiento puede facilitar su tratamiento y aplicar fármacos de manera más específica.
Como si de ciencia ficción se tratara, el físico Daniel Rodríguez se dedica a crear narices electrónicas para la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina. Portarlas como llavero para ir al supermercado y poder conocer el estado en que se encuentran los alimentos, jubilar a los perros que olfatean en estaciones y aeropuertos en busca de drogas o poder detectar bacterias que provocan enfermedades son algunos de los usos que el investigador sueña con poder dar a sus prototipos de napia.

En ocasiones los mecenas fallan, se quedan sin fondos o los gestionan mal. Actualmente, el CSIC ha solicitado un adelanto al Gobierno para poder pagar las mensualidades que ya lleva retrasadas a sus empleados a causa de los recortes que se han ido acumulando durante años. Cada vez que un proyecto se queda sin fondos, no sólo el avance sino el mantenimiento de la ciencia está en peligro. Sin embargo, la gestión también presenta zonas oscuras, un informe del Tribunal de Cuentas del año 2005 indicaba deficiencias en el control sobre los fondos de I+D+I, y acusaba la falta de indicadores y objetivos para saber si realmente el dinero destinado a investigación se gastaba con éxito. Pero no sólo se trata de errores en la gestión, sino de rocambolescas técnicas que evitan al Gobierno gastar lo presupuestado, así se da la circunstancia de que en 2012 haya habido 100 millones de subvenciones que no se han gastado y han regresado a las arcas del estado.

La última Encuesta de Población Activa ha arrojado datos escalofriantes, más de seis millones de parados poblamos España, entre ellos muchos investigadores a quienes no se les ha podido ayudar económicamente para continuar o iniciar proyectos. Y entre cifras desorbitadas, interrogantes en la gestión y continuos recortes presupuestarios, aparecen historias a medio camino entre esperanzadoras y ruinosas como la de Luisa María Botella. En ocasiones la necesidad y el ingenio parecen quererse. Luisa trata de encontrar un modo de curar la Telangiectasia (HTT), una enfermedad rara que provoca sangrar mucho por la nariz de forma espontánea, desde hace diez años. Los recortes y la falta de ayuda privada provocaron que no pudiera mantener en el puesto al técnico de laboratorio que trabajaba en su investigación y sin el que, dificilmente, obtendría éxitos en su trabajo. Así las cosas, Luisa se presentó junto a su hermano al concurso televisivo “Atrapa un millón” con el fin de lograr los fondos necesarios para seguir con su investigación. Con los 15.000 euros obtenidos ha podido contratar durante un año al técnico que necesitaba.

Todavía no entiendo en qué momento se considera que la inversión en ciencia es un gasto supérfluo o necesario recortar en primera instancia; y lo que me asusta más todavía es que sea cuestionada su importancia. La cura de enfermedades y el desarrollo de una fuente de energía renovable, rentable y respetuosa con el medio ambiente que proporciona empleo a miles de habitantes, ya son realidades alcanzadas gracias a los avances científicos y tecnológicos. ¿Qué nos hace pensar que no existen grandes retos por cumplir y miles de ventajas para alcanzar? ¿Qué nos hace pensar que son prescindibles? El desarrollo trae aparejados muchos inconvenientes, pero la innovación es el ingrediente necesario para atajarlos, y para conseguirlo hace falta apoyo y no tener suerte en un programa de televisión.

Einstein

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